LA CATACUMBA DE SAN JUAN
La catacumba de San Juan, construida en el siglo IV
y ampliada hasta finalizar el siglo V, presenta un plano que evoca el
plano del "castrum" (acampamento militar romano), con una
galería central (decumanus maximum), la cual se divide en 10
galerías secundarias (cardines): 5 hacia el Norte y 5 hacia el
Sur.
La catacumba fue construida a lo largo del camino de un acueducto en
la época clásico, del cual restan trazas visibles en la
bóveda del mismo decumanus, y constituyó una especie de
línea guía para la realización del mismo decumanus
maximum, utilizado por los excavadores los cuales la excavaban para
realizar un apropiado camino subterráneo. Los tipos de sepulturas,
que se pueden ver a lo largo de las paredes de la catacumba son tradicionales:
los lóculi, pequeñas tumbas rectangulares con el lado
largo visible, eran serradas con tejas que contenían cemento
y malta, y en las cuales se podía marcar el nombre del difunto
o realizar pequeñas pinturas. Los lóculi más importantes
se cubrían con lápidas del mármol.
Los numerosos arcosoli son en forma de una arca excavada en la piedra
viva que podía contener hasta 24-25 cuerpos. Su característico
arco le concede una grandeza particular. Debajo del pavimento de la
catacumba están colocadas las tumbas excavadas en el suelo.
Mas allá del cordón de seguridad, se puede observar un
tipo de sepultura privilegiada cubierta con una lastra que presenta
tres agujeros utilizados durante el rito del refrigerium. Durante el
aniversario de la muerte del difunto, los parientes se consolaban vertiendo
vino, leche y miel en los agujeros de la tumba.
Adentrándonos en el tercer cardine hacia el Sur y atravesando
la Rotonda Marina, así llamada por el descubrimiento de una inscripción
de la primera mitad del siglo V, se llega a la tumba de obispo Siracosio.
En el 1907, el arqueólogo Paolo Orsi descubre en esta zona una
inscripción en la cual se dice que dos cristianos compraron una
sepultura cerca de la tumba del obispo Siracosio. Se creó la
hipótesis que en esa tumba podría estar enterrado el prelado.
La parte externa de la tumba tiene un grafito que representa el monograma
de Constantino y dos barcos de distintos tamaños. El monograma
de Constantino, llamado también Cristograma, está constituido
en este caso específico, de cuatro letras griegas, inscritas
en una banda circular. Las dos centrales (? y ?) son las iniciales de
Cristo, mientras que aquellas puestas debajo (? y ?), la primera y la
última letra del alfabeto griego, indican el Cristo como el inicio
y el final de todas las cosas. En la derecha del monograma son visibles
dos barcos con la parte inferior en forma de un pez, y con la cabeza
en dirección de la proa. En la iconografía cristiana,
este tipo de representación indica la Iglesia, que en la "tormenta
del camino de santidad" logra llegar al "puerto" y a
salvarse siguiendo Cristo que es su guía; el barco simboliza
por lo tanto la Iglesia y el pez Cristo. El pez en griego "IXTUS",
constituye el acróstico de la frase: "Jesucristo Hijo de
Dios Salvador".
A través de un estrecha galería se llega a la Rotonda
de Adelfia. Originariamente, este ambiente era una cisterna unida al
acueducto griego. Totalmente recubierta de malta hidráulica,
el nivelo del piso era mucho más alto del actual y la cavidad
visible del techo era necesaria para recibir el agua de las lluvias.
En el siglo IV, con los trabajos de adaptación para realizar
la catacumba, la cisterna fue ampliada para acoger muchas tumbas, entre
la cuales una con una escala monumental. En 1872, Cavallari, el Director
de las Antigüedades de la Sicilia, encontró un sarcófago
de mármol, de los primeros veinticinco años del siglo
V, esculpido en los talleres romanos y ricamente decorado. En el centro
está la imagen de la difunta Adelfia, matrona romana, y del marido
Valerio, que la tradición identifica como procónsul romano,
pero que probablemente es mas bien identificado como Valerius, defensor
del cristianismo siciliano contrario a las herejías, citado por
San Agustín en sus cartas. Como se puede ver en la fotografía,
este es un sarcófago con doble registro, subdividido en bandas
horizontales, con una tercera banda en la lápida que cierra la
tumba; en su interior son representadas escenas del Antiguo y Nuevo
Testamento. El sarcófago, que actualmente está expuesto
en el museo arqueológico regional "P. Orsi" de Siracusa,
estaba originalmente enterrado y no era visible a los visitadores; al
externo era puesto un altar-ciborio con dos importantes columnas laterales
para remarcar el carácter privilegiado de la sepultura.
Desde la rotonda de Adelfia, a través una breve galería,
se llega al cubículo de Eusebio. Los cubículos eran normalmente
lugares para sepulturas privadas. El nombre Eusebio es referido a un
papá que encontró una sepultura temporánea en este
lugar. Exiliado en Siracusa, muere en esta ciudad y fue enterrado en
una tumba en el interior del exedra colocada en la pared a la izquierda
de la entrada. En esta cámara sepulcral fue encontrado un epígrafe
llamado Euskia, muy querido por los siracusanos, y que ya atestigua
el culto de Santa Lucía en el siglo V. Santa Lucía virgen
y mártir de Siracusa, fue martirizada en el 304. d. C. durante
la persecución de Diocleziano.
Se llama la rotonda de los sarcófagos o de las
siete vírgenes porque en el interior del antigua cisterna fueron
excavados durante los trabajos de adaptación de la catacumba,
algunos sarcófagos puestos en el pavimento, y que probablemente
eran destinados a una comunidad religiosa. Una inscripción nos
indica que en dos de ellos fueron enterradas dos vírgenes consagradas,
Fotina y Filomena, fallecidas con más de ochentas años,
un hecho fuera de lo común si se piensa que en aquel período
de tiempo, el promedio de vida de las mujeres no superaba los veinticinco
años.
Regresando al decumanus maximum, y prosiguiendo hacia
el este, se encuentra a la derecha un arcosolio con una pintura llamada
Deodata. La pintura esta enmarcada con largas bandas rojas y decora
la tumba de una virgen siracusana. En el espacio principal hay cuatro
personajes principales. En el centro, esta Cristo, retratado en el acto
de coronar la Virgen, que se encuentra a su derecha, con una corona
de laurel. A los lados están los dos apóstoles, Pedro
y Pablo. Cristo es fácilmente identificado también porque
esta rodeado de las letras griegas, (? y ?). Decoraciones florales rellenan
los espacios. La pintura viene interpretada como la coronación
de la Virgen en el Cielo que recibe "el premio del Paraíso".
En los cuatro ángulos de la pintura estaba pintado el Cristograma,
ahora solamente visible en el ángulo derecho en alto. En el lado
externo de la tumba, se encuentra la monumental inscripción griega,
también enmarcada por bandas rojas.
Por una galería hacia el norte se llega al decumanus menor, zona
de la catacumba de San Juan del siglo V sobre la cual sobresale la Rotonda
de Antioquia. La rotonda es un mausoleo subterráneo y la entrada
tiene un aspecto monumental. En su forma original, la rotonda probablemente
era caracterizada por una fila de columnas con capiteles apoyados a
las paredes come se puede ver por los espacios todavía visibles.
Las columnas fueron removidas, quizás por los mismos constructores
de la catacumba, en un momento en el cual era necesario crear nuevos
espacios para sepulturas, o durante las invasiones de los vándalos
hacia la mitad del siglo V. El espacio interior fue probablemente construido
ex novo, pero nunca fue terminado a causa de la fragilidad del terreno,
provocado por la presencia de un cercano torrente. Entrando por la derecha,
es visible la tumba de Antioquia que en la cual, todavía esta
escrito el nombre de la difunta. Detrás y hacia arriba de la
tumba se encuentra un arcosolio particular, asemeja una especie de ninfeo,
con tumbas en hileras adosadas que provocan una especie de espectáculo.
Las catacumbas de Siracusa están bajo la jurisdicción
de la Pontificia Comisión para la Sagrada Arqueología,
organismo del Vaticano predispuesto a la protección y a la valorización
de las catacumbas italianas.
CRIPTA DE SAN MARCIANO
Según la tradición, en el año
39 d. C., el apóstol Pedro envió a Siracusa un discípulo
suyo de la Iglesia de Antioquia, Marciano (llamado el antioqueno), para
evangelizar la población. Marciano como lugar de encuentro utilizó
esta cripta dedicada a él que originalmente era una gruta. El
proselitismo de la nueva religión alarmó el Senado de
la ciudad y los judíos, los cuales estaban preocupados por los
muchos citadinos convertidos a la nueva fe. En el 68 d. C., el Obispo
Marciano fue martirizado por los judíos. Su cuerpo fue puesto
en un lóculo en el interior de la cripta donde había sido
establecida la primera sede del Obispo.
Antes de la invasión de los sarracenos, el cuerpo de San Marciano
fue transferido a Patras en Grecia y en un segundo momento a Gaeta donde
todavía es venerado en la Catedral.
La cripta de San Marciano se encuentra a cinco metros bajo tierra. La
gruta, fue transformada, en época bizantina, en un edificio con
tres ábsides, con un plan terreno a cruz griega y cuatro columnas
en granito, sobrepuestas de capiteles en estilo jónico, de las
cuales restan pocas trazas.
Durante la dominación normanda, la cripta viene parcialmente
modificada: las columnas fueron decoradas con nuevos capiteles trapezoidales
con los símbolos de los cuatro evangelistas; a la derecha observamos
el águila, símbolo de San Juan; el león con alas,
símbolo de San Marco; el ángel, símbolo de San
Mateo y finalmente el buey con alas, símbolo de San Lucas.
Las paredes eran originalmente recubiertas de pinturas, arruinadas por
la humedad y pintadas nuevamente a través de los siglos. En el
ábside central se pueden ver todavía las imágenes
de Santa Lucía y de San Marciano, los dos primeros mártires
siracusanos.
En el pavimento del ábside de la derecha, es posible observar
una pequeña cavidad donde estaba colocada la fuente bautismal,
actualmente conservada en la catedral de Siracusa; más adelante
sobre la pared se encuentra, según la tradición, la tumba
de San Marciano; en el centro de la misma hay un agujero, que los fieles
utilizaban para tocar los despojos de los santos en signo de devoción.
Al lado de la sepultura están los restos de un antiguo altar
que la tradición une a la predicación de San Pablo en
Siracusa como atestigua el libro del Nuevo Testamento en los Hechos
de los Apóstoles (cap. 28,12).
En la parte de la izquierda de la Iglesia, se pueden observar los restos
de una antigua caldera griega, la primitiva salida del Iglesia y la
parte inicial de una galería, construida para poder llegar a
las vecinas catacumbas de San Juan.
Casi a la salida, se puede admirar una bellísima bóveda
a cruz con el halcón imperial en el centro, símbolo del
Emperador Federico II de Suecia.
(5 minutos de pausa)
BASÍLICA DE SAN JUAN
La Basílica de San Juan fue construida en época
bizantina en las afueras de los muros de la ciudad. Originalmente, la
Iglesia era